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Nicaragua y su presidente

Franklin Castro Ramírez

El diferendo presentado con Nicaragua, por la invasión de Isla Calero es algo que nunca hubiese sucedido, si en el país del norte gobernara una persona respetuosa del Estado de Derecho. Un ser humano que supiera convivir con opiniones adversas, con instituciones independientes y que entendiera, que ser presidente es representar correctamente los intereses colectivos de todos los habitantes de su república.

Nicaragua es una nación que a través de los años ha sufrido en demasía. Su democracia es incipiente y frágil. Y es que la democracia a diferencia de lo que piensan algunos, no solo es ir a las urnas a elegir a los gobernantes, diputados, alcaldes, etc. Ese es solo el principio. En todo caso, algunos mañosos se las ingenian para manipular resultados y entonces la decisión de la mayoría no tiene validez, así la gobernabilidad no funciona.

La democracia se alimenta de poderes legislativos y judiciales independientes, que actúen libremente y puedan controlar y objetar lo que el poder ejecutivo hace. Es decir, que el presidente no pueda hacer lo que le venga en gana, porque existe una oposición que fiscaliza su gestión. Tras el dictamen de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, don Daniel Ortega se dirigió a su país en cadena de radio y televisión.

Atrás veíamos la bandera nicaragüense, lo cual está totalmente justificado, pero también estaba la bandera del partido oficialista Frente Sandinista de Liberación Nacional FSLN. En Costa Rica cuando el candidato gana las elecciones, automáticamente se convierte en el representante de todos los ciudadanos y la bandera de su partido desaparece y en su lugar se envuelve en la de todos: la azul, blanco y rojo.

Pero qué se puede esperar del señor Ortega, una persona carente de muchas cosas, basta oírlo expresarse. Las comparaciones son odiosas, pero que diferente es escuchar hablar al presidente Piñera de Chile. Incluso a los nuestros, a doña Laura, quien pese a las críticas no saca ventaja, ni descalifica a la oposición y nuestros medios de comunicación pueden informar con independencia, cosa rara en Nicaragua y Venezuela.

Después del triste incidente fronterizo, tengo que decir que el pueblo de Nicaragua no merece un presidente como el que tienen. La mayoría de la población nica es gente trabajadora, educada y respetuosa. Aquí han venido a entregar su esfuerzo, porque en su país no existen las oportunidades. Entonces me pregunto: ¿para qué querrá más territorio, si su capacidad no le da para administrar la cantidad de país que ya tiene?. Y así quiere reelegirse.

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