Franklin Castro R.
franklindecostarica@gmail.com

Una de las cosas que más me preocupan en la sociedad, es el trato que se le está dando a los niños: en los pésimos métodos de formación. Me parece que en muchos casos estos están siendo agredidos constantemente, pero quienes lo hacen no lo sienten así o lamentablemente las costumbres enraizadas, permiten que esa situación se vea como algo sistemático y cotidiano.

Y es que la agresión física, verbal o psicológica, provoca verdaderos trastornos en los pequeños. La física los puede dañar tangiblemente, la verbal les corroe el aprendizaje del buen idioma (Por el lenguaje soez que reciben) y la emocional, les deforma la personalidad. Y lo más terrible; se sigue transmitiendo la cadena de agresión: “si mis padres me pegan, yo haré lo mismo con mis hijos”.

Cada vez que escucho a un niño utilizando malas palabras, sé que la culpa no es de él, las habrá escuchado en la casa, en la calle o incluso en su centro de enseñanza; pero volvemos a lo mismo: la primera educación viene desde el hogar, que es el pilar de la sociedad. Pero por lo visto, los adultos de hoy estamos siendo pésimos formadores y nadie se está preocupando –a fondo- por revertir esa situación.

En ese sentido me parece que las entidades del Estado no están haciendo lo suficiente o no tienen los recursos para hacerlo. También hace falta más fiscalización. La labor del Patronato Nacional de la Infancia PANI, no es percibida como efectiva y más bien ha sido cuestionada, por no haber actuado a tiempo en casos cuyos desenlaces han sido fatales para los infantes.

La agresión hay que detenerla ya. Es muy válido el trabajo institucional con los padres de familia y muy importante el aporte que puedan hacer, tanto la Iglesia Católica como las otras religiones existentes. Personalmente me interesa mucho este tema y de eso he estado conversando con líderes eclesiásticos en las últimas semanas.

Por otro lado considero que las leyes deben de ser reformadas o aplicadas, como se hacen en otros casos. Hoy en día si un hombre castiga a una mujer, ella lo denuncia inmediatamente y va a prisión en el acto. Un padre o una madre lo hacen con su indefenso hijo y no sucede nada pues no se puede proteger (lo atemorizan para que no diga nada) y quienes están en el entorno lo ven como normal y hasta lo justifican.

Y es que lamentablemente entre la gente existe la equivocada idea, de que los chicos les pertenecen, como si estos fueran objetos y no seres de carne y hueso. Así uno escucha decir al agresor: -pero ni duro le pegué y se puso a llorar-. Que tristeza, que no entiendan que los niños sienten los golpes más fuertes que los adultos.

Pues bien, le invito a usted a pasarse de lado y actuar en defensa de nuestros niños. Hace dos mil años el Divino Maestro dijo estas palabras, que están en alguna página del Sagrado Libro: “Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mi, mas le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y lo hundan en lo profundo del mar”.

Por Franklin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.