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Cuando conocí a Chabelo

Franklin Castro 23 ene 2015 www.miprensacr.com IMG_20150123_093130

Franklin Castro R.

franklindecostarica@gmail.com

Fue el 19 de enero de 1988 cuando un muchacho flaco y de pelo indomable, se fue para San José en busca de oportunidades. La capital era como una montaña desconocida y él un soñador que no sabía nada de la vida y que apenas había dejado de vestir el uniforme azul celeste de secundaria en el entonces casi quinceañero Colegio Técnico Profesional (y Agropecuario) de Paquera.

Solo se llevaba a sí mismo y el título de secundaria. Además varios cuadernos con datos estadígrafos del fútbol nacional, que había comenzado a llevar mientras estudiaba a la tenue luz de una canfinera allá en el San Rafael de los ochentas. Aquello decía su madre era una vagancia, una pérdida de tiempo, pues la adolescencia le consumió en esos menesteres y por ello no pudo tomar la calle.

Ese muchacho era yo. Aquel día iba a una cita con un hombre de radio. Llegué a Zapote, a las instalaciones de la gran Cadena de Emisoras de Columbia. Pregunté por Chabelo, si… Luis Alberto Rojas González, el mejor control máster que ha tenido la radio costarricense en las transmisiones deportivas. El mismo que se nos fue el primer domingo de junio 2015.

Con Chabelo había hablado por teléfono y me consiguió una cita con su hermano don Javier Rojas González, a quién admiro, aprecio y respeto profundamente. La idea era manejar los números del fútbol nacional. Don Javier vio mi trabajó y le gustó, pero la idea de abandonar la quietud del pueblo, los abuelos y tener que irme para aquella jungla de concreto apagó mis aspiraciones. ¡Ni pensarlo!.

Aquel día cuando llegué y pregunté por Chabelo me dijeron que pasara adelante, que el que buscaba era un tipo delgado (me lo imaginé como yo). Todo fue una broma porque Chavelo era todo lo contrario: Un gordo de excelente humor y además era bueno en la locución. Lo recuerdo cuando hacía trío en los micrófonos las tardes de domingo en Pitazo Final, con Eugenio Brownie y Melvin Calvo.

De aquella vez me quedaron grandes recuerdos. Haber conocido a don Javier, que junto al Rápido Ortiz (q.d.D.g.) fueron la mejor pareja en transmisiones deportivas y quienes inculcaron en mí la pasión por la radio y el amor por la camiseta rojiamarilla. Con Chabelo seguimos en contacto colaborando en algunas oportunidades e incluso al aire cuando fueron dueños de Radio Sonora.

Cuando me enteré de su partida, lo sentí profundamente. Chabelo desde los controles le ponía espíritu a la radio: las campanas, los efectos, la marcha, la agilidad para meter los goles de los cinco juegos que se realizaban en simultáneo los domingos a las 11. Desde la cabina sabía coordinar todo y daba indicaciones técnicas al aire sin afectar la transmisión. Así era aquella radio, la que tuvimos el privilegio de vivir y que difícilmente sea superada. Hasta siempre Chabelo.

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