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La información pública nos pertenece a todos

Franklin Castro R.

franklinklindecostarica@gmail.com

La reciente resolución de la Sala Constitucional, en donde le ordena al Concejo Municipal de Paquera, entregar información pública solicitada por un ciudadano de la República Democrática de Costa Rica, nos parece una excelente lección para aquellos que todavía puedan pensar que el ser nombrados en un puesto gubernamental, les da un aire de grandeza y que por ello pueden negarle derechos legítimos a los ciudadanos.

Desde hace mucho tiempo hemos venido observando en un sector del Concejo Municipal de Paquera, una actitud de desagrado hacia aquellos que osen solicitarles información de gastos, salarios u otros. Piensan de entrada que van tras sus pasos, pero lo cierto es que como entidad pública, todos tenemos el derecho de saber en qué se invierten los recursos de los costarricenses.

Además, si existiesen dudas sobre determinados temas, las personas tienen la libertad de hacer las gestiones que consideren necesarias, ya sea para solicitar información y plantear los reclamos o denuncias correspondientes. Dichosamente en los últimos tiempos hemos visto cambios de actitud en algunos, pero aún existen aquellos que no perdonan siquiera, que alguien opine diferente.

Es bueno que la gente exija (no seamos siervos menguados) y no se deje impresionar por una simple negativa de dar información. Para eso está la Defensoría de los Habitantes, la Sala Constitucional y los medios de comunicación, que cada vez se abren más a la denuncia. Yo espero que la población siga preocupada por lo que pasa en sus comunidades. Para ello es necesario que sepan, en qué se invierten los recursos de todos.

Hay que perder el miedo a la represalia o a la aplicación de la Ley del Talión (ojo por ojo). Esa actitud – que si criticas (a) o pides información a tal político, este buscará la forma de perjudicarte de alguna forma, no puede tolerarse en un estado de derecho como el nuestro. “El que nada debe, nada teme”, debería ser la máxima popular a utilizar por nuestros líderes, cuando se les piden cuentas. Jamás, fruncir el ceño.

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